Victoria Ajena

by Ricardo Dubin

El general vio tropas desordenadas ocupando los últimos bastiones de su ejército. Nadie sabía lo que vendría después: el desquite con las mujeres blancas, incendio de ciudades o la misericordia que los curas les habían enseñado.

Había pensado que era su última guerra, la hora del descanso junto a su mujer viendo madurar nietos y jardines, pero esta vez no iba a regresar.

Recibió con calma noticias alarmantes: cayó el puente dividiendo sus fuerzas. Un joven militar, que lo admiraba, lo miró con desesperación pero también con odio. Pensaba que no supo retirarse con gloria.

-Vamos a resistir. – Dijo el general, y el joven pensó que no era posible caer ante los bárbaros.

Los tiros se oían cerca. Había gente extraña entre los uniformados. El general pensó que el joven podía huir, pero era su decisión. Tal vez prefiriera el suicidio.

-¿Cómo pudimos?

-¿Cómo pudimos? – Respondió el general. – Les trajimos la civilización para que un día nos vencieran, - dijo, y una lanza se clavó en su pecho.



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